Un día en Tafraoute Sidi Ali

Esta era la primera vez que los chicos de “The Raw Society” incluían el pequeño poblado de Tafraoute Sidi Ali en su viaje de Marruecos y era también mi primer viaje con ellos, a pesar de que les conozco desde hace ya más de un año.

El primer contacto con Tafraoute fue mágico para todos casi instantáneamente…. Paramos a comer en un pequeño restaurante, si se puede llamar así, donde ya empezamos a integrarnos con la gente local. Conversamos con todos los lugareños y pudimos hacer fotos de todo el mundo… Allí conocimos a un auténtico bereber, que afirmaba que su nombre era “lobo del desierto”, que hablaba siete idiomas y que estuvo conversando con nosotros animadamente, explicándonos mil aventuras curiosas y divertidas…

Y precisamente mi historia va sobre esto… Sobre cómo en un viaje fotográfico, uno puede (y debe) llegar a integrarse con la gente del lugar que visita…

Como fotógrafo amateur, siempre he tenido curiosidad por la fotografía de calle, que es el género en el que me siento más cómodo. Hasta mi viaje a Marruecos, siempre había sacado fotografías a gente por la calle, a escenas o a personas que me hubieran parecido interesantes, pero…siempre sin interactuar con ellos… siempre sacando fotos (con más o menos descaro) de gente totalmente anónima.

Desde mi estancia en Tafraoute Sidi Ali, todo esto cambió…

Para que os hagáis una idea… Tafroute Sidi Ali es un pequeño pueblo donde habitan unas 50 familias. (A la pregunta de cuántos habitantes tenía el pueblo, nos respondieron que “unas 50 casas”). En medio de una zona semi-desértica, donde no llegan las carreteras y sólo se puede acceder con 4×4 por caminos de tierra, Tafraoute es un lugar dónde quien tiene una pequeña motocicleta (o ciclomotor) tiene un tesoro y donde el único mobiliario que hay en la mayoría de las casas es una alfombra y una pequeña mesa donde servir el té…

Después de comer y de dejar nuestras maletas en el hotel (a unos escasos 200 metros del centro del pueblo), salimos a pasear cámara en mano…

La interacción con los lugareños fue casi inmediata… A los 10 minutos de salir del hotel ya teníamos un grupo de niños de entre 5 y 8 años alrededor nuestro, que nos acompañaron hasta que nos retiramos al hotel, cuando ya no había luz. Jugamos a pelota con ellos y muy orgullosos quisieron mostrarnos sus casas. Allí conocimos a sus padres y charlamos con todos.

Mientras íbamos hablando con todo el mundo y jugando con los niños, sacamos fotos…

Fue en este momento cuando todos los miembros del grupo de viaje empezamos una conversación sobre la sensación de “aprovecharse” de las personas para poder hacerles fotografías (yo interactúo contigo pero a cambio te saco una foto…). Fue una conversación muy interesante y con un componente ético que está muy presente (al menos en mi caso) cuando uno hace fotos en un entorno así….

Finalmente Jorge me/nos convenció cuando hizo referencia al hecho de documentar un modo de vida. Es decir, estábamos allí, de viaje fotográfico (con el objetivo de aprender y mejorar nuestra fotografía), pero también con el objetivo de documentar y a través de nuestra fotografía explicar cómo viven esas personas. No había nada de malo en mostrar cómo viven unas personas en un entorno tan diferente al nuestro….De hecho, en ningún momento, ninguna persona nos pidió nada y al final te das cuenta de que los lugareños tenían tanta curiosidad por nosotros como nosotros por ellos….

Anduvimos por el pueblo durante dos o tres horas más… Visitamos la tienda de Ali (creo recordar que era la única tienda del pueblo), tomamos té en casa de 2 familias que nos invitaron (una con un grupo de mujeres que no pararon de reírse con Christelle y de admirar el pelo rubio y los ojos azules de Deb, una compañera de viaje Canadiense; y otra casa que resultó ser la del jefe del pueblo, donde nos obsequiaron con dátiles, frutos secos y con más té…). También visitamos la mezquita y las dos escuelas del pueblo, todo ello interactuando con toda alma viviente que nos encontramos.

Aprendimos que la gente local sobrevive prácticamente gracias al cultivo de los dátiles o a la venta de animales (como cabras o gallinas), especialmente desde que la frontera entre Argelia y Marruecos fue cerrada (antes, el principal medio de supervivencia era el contrabando).

Después de tan ajetreada jornada nos fuimos al hotel a dormir. A la mañana siguiente, me despertó el ruido del viento, rugía como no había oído nunca antes, estábamos teniendo una tormenta de arena en medio del desierto… ¿Os lo podéis imaginar?

Era muy pronto todavía, pero había algo de luz, así que cogí la cámara y me dirigí al pueblo de nuevo. A los cinco minutos ya tenía como acompañantes a algunos de los chicos que habíamos conocido el día anterior, y entre risas y juegos, nos fuimos juntos al pueblo de nuevo. Despertamos juntos a algunos de los chicos más mayores (que duermen en el exterior de las casas, en una especie de tarima hecha de madera) y pude ver cómo los más pequeños son los que se encargan de alimentar a los animales (gallinas, cabras, burros y dromedarios, básicamente). Sólo por ese increíble momento, mi viaje con los chicos de The Raw Society ya valió la pena.

Una vez en casa después del viaje, me he dado cuenta  de que, al contrario de cómo pensaba, el hecho de interactuar con las personas y conocer sus historias mientras estás haciendo fotos, le da un valor especial al momento y a la fotografía misma…Las fotos se convierten en vivencias, y no en un simple “click” más…

Cuando Jorge y Christelle me pidieron que escribiera una entrada en su blog (de lo que me siento súper honrado) y me dijeron “explica lo que quieras del viaje”, enseguida me vino a la mente el día que pasamos en Tafraoute Sidi Ali, que fue el sitio donde cambió para siempre mi manera de hacer fotos.

Muchas gracias David por compartir tu experiencia con nosotros.

Queridos lectores, si queréis ver más fotos hacas por David, podéis verlas en su Instagram

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